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Saborear la vida

Actualizado: 12 jul 2022

Existe una palabra en sánscrito que me fascina: RASA.

Rasa literalmente significa jugo, esencia, gusto, sabor, sentimiento.

En las artes rasa también significa estado de ánimo o atmósfera, es decir, las emociones que evoca una obra de arte como una pintura, una pieza de música, una escena dramática, en una audiencia.


Realmente el término rasa es sumamente profundo. Podríamos conversar y discutir acerca de todas las connotaciones de esta corta pero honda palabra por horas, analizando todos sus matices. Pero esta vez nos referiremos a lo que se conoce como rasa en ayurveda.


Todas las sustancias tienen sabor. El sabor específico de una sustancia se basa en su composición elemental única. Según el Caraka Samhita, “el agua y la tierra constituyen el sustrato para la manifestación del sabor, que es el objeto del órgano sensorial gustativo”. En cuanto a las cualidades específicas del gusto, los tres elementos restantes son responsables de su manifestación”.

Es decir, sin agua (saliva) y sin tierra (sustancia) no podemos saborear. ¿Te has dado cuenta que cuando estás deshidratado, con la boca y la lengua secas, no sientes los sabores al comer?


En ayurveda existen 6 sabores distintos y cada uno, como toda la naturaleza, está compuesto de cinco elementos. Comprender la composición elemental de cada sabor es la clave para entender los atributos y beneficios. Los seis sabores son la base fundamental de las fitoterapias dietéticas ayurvédicas. Dependiendo de la cantidad de ingesta de cada sabor, tus doshas se verán en desequilibrio y aumentarán o disminuirán. Es por eso que es importante prestarle atención al tipo de alimentos que comes, pues de ellos depende tu salud.


Los seis sabores son dulce, ácido, salado, picante, astringente y amargo. Una comida completa debería incluir todos los seis rasas.

Así como la vida que está formada por distintos momentos y situaciones que te producen variedad de emociones, así tu dieta debe contener TODOS y cada uno de los seis sabores. Cuando una persona consume la cantidad adecuada (para su naturaleza y su desequilibrio) de cada sabor, el cuerpo responde con la producción de tejidos sanos y funciones normales. Cuando se ingiere demasiado o muy poco de un sabor específico, el cuerpo responde con una función defectuosa. El resultado es la enfermedad, que siempre comienza como un leve desbalance, y si no es atendido a tiempo, puede volverse irreversible.


Existen tres sabores que generan tejidos y son más nutritivos, por los que son considerados "constructores". Esos son el dulce, ácido y salado.


El sabor dulce

Es el sabor más popular y el que más presente está en la naturaleza. Es nutritivo y nos hace sentir queridos. Esto explica por qué "morirías" por algo dulce —como un helado o una caja de chocolates— cuando te han roto el corazón. Está formado por los elementos agua + tierra.

Dulce en ayurveda no significa azucarado. El agua y la la leche se consideran dulces, así como también el maíz, melón, trigo, arroz y el coco.

Si es comido en exceso produce grasa, mucosidad, ralentizamiento del sistema digestivo y pereza. En las cantidades adecuadas este rasa promueve nuestra naturaleza amorosa, la lubricación de las articulaciones, una buena piel y la adecuada producción de hormonas.

Lo encontramos en la mayoría de las frutas (dulces), en algunos vegetales como la remolacha, papa, zanahorias, pepino, cebolla, calabaza, en casi todos los cereales, en la mayoría de frutos secos, en algunos productos lácteos como la leche de cabra y de vaca, ghee y yogur fresco, y en todos los endulzantes.


El sabor ácido

Este sabor está formado por los elementos tierra + fuego.

A pesar de ser un sabor intenso, éste produce humedad en la boca así como en los tejido. Tan sólo de imaginarte un alimento ácido, como un limón, comienzas a salivar... ¡Así de fuerte es su acción! Estos alimentos ayudan a producir jugos gástricos además de apoyar al calor de la digestión, es decir, que ayudan a digerir. Si son ingeridos en demasía pueden hacer que aumenten tus deseos (sin medida, como los caprichos) y te pondrán de un humor bastante agrio.

Encontramos este sabor en algunas frutas como los limones, fresas, cerezas, frambuesas, naranjas, uvas; en pocas verduras como las espinacas y el tomate, y en algunos lácteos como el yogurt, quesos, queso fresco, crema agria.


El sabor salado

El poeta, pintor, novelista y ensayista libanés Khalil Gibran sabiamente dijo: "Debe haber algo extrañamente sagrado en la sal. Está en nuestras lágrimas y en el mar." Y lo confirma la escritora danesa Isak Dinesen con su frase “La cura para cualquier cosa es el agua salada: el sudor, las lágrimas o el mar”.

Este sabor formado por agua + fuego es el que le da "la sal a la vida", el entusiasmo; además intensifica el resto de sabores, estimula la digestión y hace sabrosos los alimentos. Si es consumido en exceso este sabor puede opacar más sutiles, nos hace retener líquido y nubla nuestros sentidos.

Lo encontramos en la sal marina y de montañas, en las algas, en el apio, en la salsa de soya, tamari, quesos, aceitunas y miso.

Ahora, existen otros tres sabores que son "aligerantes", esto quiere decir que ayudan a limpiar y a remover los desechos del cuerpo: el picante, amargo y astringente.


El sabor picante

El picante, como un gran incendio, está formado por los elementos aire + fuego. ¡Imagina lo rápido que el fuego se puede expandir si viene una ráfaga de viento! Así es la intensidad de este rasa. De hecho, cuando pruebas algo picante, el sabor se expande por toda tu boca incluso hasta afuera, a los labios.

Este sabor es penetrante, ardiente, punzante, y aquí la gran frase de "menos es más" aplica de maravilla.

En cantidades mayores que la adecuada este sabor es inflamatorio, pero en las proporciones óptimas, mejora la concentración y la claridad mental, y disminuye la mucosidad.

El jengibre, los diferentes tipos de ajíes, comino, pimienta, vinagre, mostaza, ajo y canela, son ejemplos de alimentos con sabores predominantemente picantes.



El sabor amargo

El aire + éter conforman este sabor que se usa mucho para equilibrar la digestión ya que estimula los jugos gástricos y el fuego digestivo. Es ligero, seco, refrescante y estimulante, que ayuda cuando hay acidez o cuando la digestión es lenta y pesada.

Generalmente viene junto al sabor astringente y también puede lograrse con una pizca de sal para liberarlo en algunas comidas. Entre los alimentos amargos tenemos: las verduras de hojas verde oscuro (como las espinacas, acelgas, rúcula, kale), achicoria, cacao, remolacha, brotes, en el café y en especias como la cúrcuma y el fenogreco.


El sabor astringente

Este particular sabor formado por aire + tierra tiene una cualidad "secante" o deshidratante. A muchas personas les es difícil identificar el sabor, así que imagina el sabor del té negro en tu boca (sin endulzantes) o la ligereza que produce la granada.

Consumido en cantidades adecuadas, este sabor afirma los tejidos, y en exceso en cambio produce estreñimiento. Una buena regla para usar los alimentos de sabor astringente es la de mezclarlos con otros.

Encontramos este sabor en varias verduras como espárragos, brócoli, col, coliflor, papas, espinacas, acelgas, calabacín; en la mayoría de las legumbres como frejoles, lentejas, mung, tofu, tempeh; en las nueces, nabos, albaricoques, manzanas, albahaca, bananas y brotes de soya.



Entonces la próxima vez que vayas a preparar un plato recuerda utilizar en cada comida los 6 sabores en las formas más te gusten, de esta manera no sólo tu paladar se deleitará, sino que tus tejidos se repondrán y podrás tener un cuerpo y mente saludables.

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